Solicitarán a la ONU integrar un tribunal para investigar ejección de niños y jóvenes
La institución humanitaria privada internacional Casa Alianza (CA/Covenant House) acudirá a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para que nombre un tribunal que investigue la ejecución de niños y jóvenes en Honduras y los clasifique como crímines contra la humanidad, como los ocurridos en Ruanda, Yugoslavia, Timor del Este y en otras partes del mundo.
El director regional de Casa Alianza para América Latina, Bruce Harris, declaró que en lo que va de este año se han ejecutado extrajudicialmente a 50 niños y jóvenes por pertenecer a "maras" o pandillas juveniles en diversas ciudades del país.
Indicó que el más reciente caso se produjo el 28 de agosto en la norteña ciudad de El Progreso, donde tres niños fueron capturados ilegalmente por la policía y luego dejados en libertad, pero pocos minutos después y apenas a una distancia de tres cuadras de la posta policial fueron ejecutados sumariamente de dos o tres disparos en la cabeza. Uno de ellos tenía apenas 12 años y las investigaciones preliminares indican que la policía pudo estar involucrada.
El estadounidense Harris sostuvo que esta ola de asesinatos deben ser investigada por un tribunal de la ONU, ya que las autoridades en vez de esclarecer estos casos se limita a decir que se trata de "ajustes de cuentas entre maras rivales". Si hay niños y jóvenes --sostuvo-- que delinquen deben ser capturados e internados en centros de rehabilitación, pero no eliminados.
Casa Alianza cobró notoriedad nacional cuando, en 1996, obligó al gobierno de Honduras a retirar a los niños delincuentes de las cárceles comunes y crear centros de rehabilitación.
Por su parte, el presidente del Comité de los Derechos Humanos de Honduras (CODEH), Andrés Pavón, denunció que hay evidencias que empresarios financian a "Escuadrones de la Muerte" para la ejecución de jóvenes delincuentes, en contubernio con la policía y las autoridades judiciales. Magistrados de la Corte Suprema de Justicia y líderes empresariales rechazaron publicamente estos cuestionamientos de los organismos humanitarios. El Ministerio Público abrió una investigación de oficio sobre esta denuncia.
El fenómeno de las pandillas juveniles no es nuevo en Honduras, ya que existieron en la década de los 60 y 70, como imitación a los movimientos de los "rebeldes sin causa" y los "hippies", ahora cobra auge, según registros del Ministerio de Seguridad (MS).
Liliana Santos, portavoz de la Dirección de Investigación Criminal, del MS, declaró que la proliferación de maras es preocupante, ya que hay unas 250 que agrupan a más de 10 mil niños y jóvenes, particularmente tras los devastadores daños provocados en Honduras por el huracán Mitch.
Con frecuencia, la Policía Preventiva realiza operativos en Tegucigalpa y otras ciudades para capturar a jóvenes que protagonizan peleas entre grupos o actos delictivos.
David Norales, un estudiante universitario de la carrera de Derecho y presidente de un grupo de voluntarios llamado "Amigos sin violencia" que ayuda a la rehabilitación de jóvenes delincuentes en Tegucigalpa, declaró que la sociedad "estigmatiza y discrimina" a todos aquellos niños y muchachos por el solo hecho de formar maras.
Norales sostuvo que los integrantes de las maras son niños o jóvenes de y en la calle, huérfanos, o vienen de hogares desintegrados o de familias de alcohólicos, donde eran abusados.
De los 10 mil jóvenes que integran 250 maras en las principales ciudades, un porcentaje mínimo, es cierto, comete delitos, generalmente por necesidad económica, pero la policía acusa de manera general a todos los grupos.
En las maras, ellos encuentran solidaridad, apoyo económico, entretenimiento y amor que les fue negado en su hogar o en la sociedad. Son algo así como un sindicato, dijo Morales. "La sociedad debe cambiar su enfoque y entender que ellos forman pandillas para realizarse como seres humanos", comentó.
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