La credibilidad en las instituciones y la confianza en los
líderes políticos es una condición esencial para la vida democrática y la estabilidad
política de un país. La firma de un acuerdo patriótico firmado por los Presidentes de
los cuatro partidos políticos y avalado por el Presidente Constitucional de la República
y los testigos de honor, y su desconocimiento posterior en medio de la mayor impunidad,
sirve únicamente para evidenciar que la crisis que estamos viviendo no solo es
política e institucional sino también ética, y eso es inaceptable para un país que
construye la democracia y para una ciudadanía que espera mucho mas de los lideres que
aspiran a gobernar este país.
Resulta inconcebible que en el tercer milenio existan posiciones xenófobicas con las
cuales se pretende perseguir a las personas en general y, en este caso en particular, a
lideres políticos que aspiran a participar en la contienda por la Presidencia de la
República. La historia se ha encargado de demostrar los extremos a los que pueden llegar
posiciones excluyentes que fácilmente pueden convertirse en represivas, autoritarias y
aniquiladoras de la libertad y de los derechos mas elementales de la ciudadanía. Este
hecho es sumamente peligroso para el proceso de construcción de una cultura basada en
valores que promuevan la inclusión, el respeto y el pluralismo.
El desconocimiento público de un acuerdo patriótico por parte del partido de gobierno,
y de la democracia cristiana que parece haber tomado partido por la desintegración
ética, con argumentos tan débiles que constituyen una ofensa a la inteligencia más
elemental, representa un profundo irrespeto a la ciudadanía y un mal indicio de la
arbitrariedad a la que pueden conducir los excesos de un poder político que se siente
amenazado en su continuidad.
La crisis político institucional y ética que se vive actualmente en el país, está
conduciendo aceleradamente a una crisis de gobernabilidad caracterizada por la negativa
del partido gobernante a permitir la inscripción del candidato del Movimiento Arriba
Honduras, la incapacidad y falta de credibilidad de las instituciones del Estado
encargadas de impartir justicia, la debilidad del Presidente de la República para
articular consensos y garantizar el cumplimiento de un acuerdo que él mismo patrocinó, y
el hastío de la ciudadanía ante el espectáculo deprimente de un estilo político
atrasado, desfasado y retorcido, que evade la focalización de la campaña electoral en
asuntos infinitamente más importantes.
La ciudadanía es la condición social y política más importante en este momento
político. La coincidencia entre la sociedad civil y un precandidato del partido Nacional
como Ricardo Maduro no es en torno al partido Nacional sino en torno a las ideas
modernizantes y democratizadoras que él propone. La diferencia entre los líderes
políticos no se plantea ya entre uno y otro partido sino entre tradición y modernidad. A
partir de este planteamiento hay que pensar en una gran alianza, social más que
política, para garantizar que se cumpla el Acuerdo Patriótico y que se ponga punto final
a esta crisis que ya se ha vuelto insoportable.
La sociedad civil aspira a vivir en una sociedad segura y el eje fundamental de la misma
emana de la seguridad jurídica que proporciona un Estado de Derecho. No podemos permitir
que se continúe prolongando esta situación de inseguridad y que el Estado continúe
agrediendo a un ciudadano que quiere hacer uso de un derecho constitucional, porque si lo
permitimos, en cualquier momento cualquiera de nosotros puede encontrarse a merced de la
arbitrariedad, en el momento en que lo decida cualquier personaje de mayor o menor
categoría dentro del partido gobernante.
Es la primera vez que un partido convoca a las elecciones y las pierde él mismo. El
mensaje del alto grado de abstencionismo en las elecciones internas es un mensaje claro
para el Partido Liberal pero también es un mensaje para el Partido Nacional ya que el que
no se moderniza y no se democratiza, sucumbe ante el voto de la ciudadanía. No es
aliándose con los partidos sino apoyando los esfuerzos modernizadores y democratizadores
dentro de los mismos que la sociedad civil puede asumir un papel verdaderamente
participativo.
Los partidos políticos en general y el partido gobernante en particular, deben sacar
las lecciones necesarias y descubrir el mensaje que la ciudadanía les está enviando con
su voto. No pueden seguir haciendo política pisoteando los derechos de las personas,
agudizando la inseguridad jurídica y provocando la indiferencia de la ciudadanía hacia
el ejercicio electoral, porque de ello los más perjudicados serán los mismos partidos
políticos.
La sociedad civil, profundamente preocupada por esta situación critica
demanda lo siguiente:
- Que el Movimiento Arriba Honduras continúe adelante y que no sucumba ante la política
de desgaste que se está impulsando desde el poder, porque si la arbitrariedad logra
imponerse, quedaremos todos a merced de la voluntad de unos pocos.
- Que el Presidente de la República, que es el Presidente de todos los hondureños,
convoque nuevamente a los firmantes del Acuerdo Patriótico para que lo cumplan y que le
ponga fin, de una vez por todas, a esta situación que está poniendo a prueba la
paciencia de la ciudadanía .
- Que la sociedad civil se mantenga vigilante ante el curso de esta crisis y que
reivindique ante los políticos su derecho a tener un proceso electoral transparente,
auténticamente democrático, esencialmente propositivo y fundamentalmente respetuoso de
los derechos de todos.