FONDO DE REPTILES

Los periodistas y la corrupción en Honduras

Eduardo Bähr

"Su fuerza mayor es el arte de servirse de los otros dándoles la impresión de que les presta un servicio"

Gide

No. Pese a que de sopetón esta croniquilla parece empezar con la amenaza - subliminal en el título- de que se va a convertir en un estudio puntilloso de uno de los comportamientos más deplorables del hondureño posmodernista (la corrupción, y su derivado corrupto- "que se deja o ha dejado sobornar, pervertir o viciar"), debemos confesar que tenemos la intención, únicamente, de hacer una reflexión, acerca del fenómeno, mucho más amparados por los datos investigados en la misma prensa escrita nacional que en nuestro supuesto conocimiento de la materia, ya que ni siquiera somos periodistas, ni algo de la gama que se engloba en el concepto, bastante amplio en el quehacer ese de informar, formar y orientar con el que se sacrifican diariamente nuestros compatriotas, honestos los muchos, envilecidos los muy pocos.

Con decir que el título no es nuestro, sino de Bismarck (Otto Edward Leopold); y que corresponde a la denominación, tal vez familiar y mimosa, con la que se refería al grupo de comunicadores que tenía a su servicio, para que lo adulara por un estipendio tratado en el contrato ético - moral y evidentemente de mutuo acuerdo. Hasta en lo de "hondureño posmodernista" nos estamos equivocando, pues el tal proceder no es nada nuevo ni contemporáneo: ya desde los mismos inicios de nuestra vida republicana hay indicios de que algunos pecaban por la paga, como se desprende de estas líneas escritas en su famoso Al pueblo de Centroamérica, más conocido como "Manifiesto de David", por Morazán y que a la letra dice: "En vuestra patria cometíais culpas que se olvidan por unas tantas monedas, y a nosotros se nos exponía a la vergüenza pública"…

Donde se nos ocurre qué es la Comunicación y qué son o deben ser los comunicadores.

Hace ya algunos decenios, los clásicos de la Comunicación (tal ciencia, arte y profesión), como Nixon y Mc Luhan, pronosticaron que con los medios electrónicos comenzaría el periodo del "global village", la idea universal, idéntica en todas partes. Teóricamente impulsaron la manera en que se desarrollaría con relativa facilidad el proceso de convencer a los demás de que tal concepto, este candidato, este otro servidor público, este automóvil, eran los que le convenían.

Se dijo, en pocas palabras, que un emisor daba forma a un mensaje y el objetivo de este mensaje era el de pretender lograr que un receptor lo interpretase para que, mediante la retroalimentación, se pusiesen de acuerdo en una compraventa, subjetiva o concreta, de bienes o conciencias, teniendo en el meollo un medio de transmisión o difusión que sabía qué decir y cómo decirlo. Era nada menos que un proceso mediante el cual eran transmitidos estímulos que tendían a modificar los comportamientos de los públicos para que, al ser intervenidos, estuviesen convencidos, persuadidos, de tal cosa; y que de esa manera adoptaran o consolidaran determinados cambios en sus actitudes y sentimientos. Honestamente, se dijo también que las estrategias y las tácticas serían aquellas que cumplieran con las aspiraciones de los niveles locales, de los receptores de los mensajes, y que tales aspiraciones se convirtieran en una respuesta a los problemas de audiencias y públicos específicos.

De tal manera fue cierto esto que en el desarrollo de la ciencia de la Comunicación hubo mensajes estilizados y dirigidos sólo para adultos varones, adultas mujeres, mujeres adolescentes, muchachos con acné, niños y niñas, minorías étnicas, ejecutivos de empresa. En fin, para winners and losers en un mundo cada vez más y más competitivo.

Con posterioridad, la ciencia - o arte, según se vea- evolucionó hacia teorías más actualizadas en las que curiosamente, se omitía también el pecado original que consistía en la falta de socialización del mensaje, en relación con las respuestas del receptor, que deberían ser dirigido y pensadas con criterio e independencia, con libertad para actuar de tal forma que la responsabilidad de sus actos recayera sobre él y nadie más que él.

En la Teoría de Sistemas y en relación estricta del hecho comunicativo, ya se decía que la objetividad (para informar, digamos) consistía en reflejar, con la mayor fidelidad posible, la naturaleza de un evento de la realidad y que la tarea de un verdadero profesional de la Comunicación era la de llevar la noticia al público lo más pura y entendible, para que las audiencias y los individuos llegaran a sus propias conclusiones o, lo que es lo mismo, que un periodista no era juez ni jurado, sino el que contaba lo que hacían, decían y pensaban ambos. Así pues, los comunicadores tenían que constituirse en un factor de depuración ética de cualquier mensaje, ya fuese éste político, comercial, religioso o social. ¿Habría acaso, una profesión con esas características que no fuese la más noble de las nobles del planeta?

En países desarrollados de Europa y América se fueron ampliando, al mismo tiempo que la ciencia de la Comunicación, actitudes de defensa para evitar los abusos en unos túneles en los que estaba de por medio la conciencia, la creencia, la personalidad y hasta la fe de los receptores. Cuando el editor pornógrafo (?) Larry Flint, quien desde sus revistas, publicadas desde uno de los estados más conservadores del Midwest, sacudía con la cruda denuncia los excesos de los corruptos revestidos de poder en el aparato de gobierno, en las instituciones y en la iglesia, fue contraatacado en desventaja evidente, recurrió a legalizar su derecho de libertad de expresión ("mi derecho de ofender", dijo) y la más alta Corte federal le dio la razón. Casi con locura, este hombre, siguió luchando por ese derecho, incluso después de que una bala en la espina dorsal lo dejara paralítico de las orejas para abajo y en una silla de ruedas.

Pero lo que había nacido como un servicio integrante de la complejidad de la sociedad se desarrolló sólo para los conglomerados más avanzados y las estructuras obsoletas de la Comunicación se quedaron ancladas en los mundos inferiores, con mensajes elaborados de manera abusiva contra la mayoría y para beneficio nada oculto de sustratos y personas privilegiadas. Si bien la objetividad exacta no podría existir, en los Medios (llamados aquí "de comunicación masiva y social") persistió la relatoría de los hechos como resultado de la voluntad, el punto de vista subjetivo y la percepción oportunista e interesada de unas pocas personas y, aunque la realidad es un campo en el cual no es posible ejercer control, la información fue el resultado de que alguien seleccionara voluntariamente algunos aspectos de esa realidad para convertirlos en mensaje. En otros términos, la conversión de esa realidad amañada en Comunicación provocó una entrada al Sistema (ipso jure), para que alguien tomara la decisión de cómo informar al público y el evento, lo que sucede, se resolviera en la salida del Sistema convertido en la noticia.

Se alejó entonces la argumentación, que es esencialmente dialéctica o el arte de conducir hacia la verdad mediante el razonamiento demostrativo en torno a una tesis o a tesis opuestas. Paradójicamente, es la argumentación la que puede llevar a la conclusión de que las tesis confrontadas dialécticamente llegaran a ser ambas totalmente falsas. La esencia de la libertad, como quien dice.

De donde se aterriza en un mundo inferior llamado Honduras y donde la mayoría de los mensajes en la ciencia de la Comunicación es sólo transmisión y no intercambio.

Así que lo que aquí se llama Medios de Comunicación Masiva y Social, por estar estructurados al modo folklórico y patriótico, no es "de comunicación", puesto que, con amparo en lo que dijimos arriba, su mensaje lleva el sello y la intención del dueño y señor, del grupo económico político que lo fundó y lo usufructúa y lleva también la "línea" que los comunicadores deben difundir, con lo que éstos no son más que "medios" de los Medios y el receptor no tiene acceso nada más que a una retroalimentación diseñada desde el trono del emisor.

Y tampoco es "masivo" pues lo que más se difunde (la programación radial) llega a un receptor en su mayoría analfabeto, con mensajes pedestres, música reciclada y abundante propaganda de los nepentes embrutecedores y de los políticos ibídem; como si algunos dueños de Medios estuviesen convencidos de que "lo que es seguirá siendo", al decir de la graciosa Madame Staël.

La televisión llega modernizada con programas de la subcultura mayamense y manteniendo incólumes los mensajes dramatizados bajo la lluvia lacrimógena para que estamentos de la sociedad, como el de las mujeres, continúen creyendo que la luna es queso, que "eso" es la suma de su realización sentimental y que ignoren, parece mentira, que con sólo su voto (más del 50%) se le puede dar al país el gobierno que realmente se merezca y no "el que se merece". Y los periódicos - muy evidentemente lo más profesionalizados del conjunto- llegan a una clase social media en su mayoría mediatizada por la pasión del fútbol y que ignora, también parece mentira, que en las páginas de opinión está un verdadero "banco de ideas", un recuento del pensamiento actualizado de los más diversos intereses, y más de alguna solución para los espacios que reclama con derecho la Sociedad Civil.

Y, ¿por qué habría de ser "social" si su objetivo mayor es el de promover el pensamiento del grupo económico al que pertenece?

Por eso es que, si tomamos en cuenta que la temeridad de unos pocos comunicadores, consistente en orientar su criterio hacia el campo y pradal de la libertad de expresión, ha resultado en el despido de su fuente de trabajo, tan sólo por el efecto de una llamada telefónica lanzada, como rayo de mirada indignada, tras el escudo de la prepotencia en las cúpulas del poder y acatada por los Medios, presionados por los simples chantajes comerciales y de supervivencia económica; por eso, decíamos, están allí los hechos, que mencionaremos más adelante; y también el soslayo de que un Medio "puede ser instrumento del César en turno, y de comunicación convertirse en Medio de incomunicación" (Octavio Paz); además de que "el hombre no puede saltar fuera de su propia sombra".

A esta reflexión habría que sumar lo siguiente: los grandes periodistas que se formaron en la escuela del trabajo diario, en constante reto con la imaginación que exigía la premura, con sus ejemplos de dignidad y entereza han estado desapareciendo o han dado paso a la modernidad, en la parte que corresponde a la escolaridad. Ahora un número cada vez mayor de hombres y mujeres jóvenes estudia periodismo, se gradúa y comienza la lucha desde la modesta ruta reporteril. Aunque tiene ante sí, además, la opinión de los que han pasado por los cedazos más variados y ahora lo enjuicia sin solemnidad, pero con dureza. Véngasenos para esto el ejemplo encontrado en las páginas de opinión de un periódico ya consolidado, y escrito a propósito de la llegada de un nuevo director a la Escuela de Periodismo de la UNAH (EH, 28 de marzo de 1999): "…Los periódicos, boletines y hasta hojas volantes que deben caracterizar a una masa pensante y expresiva por sus tirajes, no existen. Los pasantes de periodismo de ahora son tan mudos y pasivos que ni tan siquiera logran manifestarse de una manera vulgar y clandestina, a través de una simple expresión de grafitis".

Donde se dice y señala qué es y cómo haríamos para salir de ese pozo de cal y malacate llamado corrupción.

Para actualizar el problema ya viejo y "normal" en el acontecer cotidiano de Honduras hay que definir el problema mismo: " El problema de la corrupción está íntimamente vinculado al desempeño público en la historia del país; no obstante, el mismo se ha incrementado con la construcción democrática, lo que nos permite observar una deformación en la percepción de lo público en detrimento de los intereses de la sociedad" (Leticia Salomón: El Buen Gobierno, CEDOH, 1998). Lo que anteriormente se señalaba con admiración, pues era una muestra de especial "inteligencia" robar en el desempeño de un cargo público, en una aduana y en una posta, pasó a ser, desde antes del arrasamiento del Mitch, una característica más del ensanchamiento de la base de la democracia (periodo en el cual estamos y en el que al parecer todavía no ha sido colocada ni la mitad de los ladrillos) y, mientras se perfeccionaba el arte del birlibirloque en el birlar, muchos que parecían guarecidos en profesiones honestas se colaron en el teje y maneje. Tal el caso de algunos periodistas, amparados por su propio Medio, por la planilla que ganó las elecciones en su Colegio y hasta por su Tribunal de Honor.

En lo que respecta a este gremio los casos de corrupción se han hecho público y la impunidad en que han quedado, pese a haber sido denunciados por los propios periodistas decentes, ha llegado a tal grado que algunos ciudadanos prominentes de la política doméstica consideran que la independencia periodística va quedando en minoría respecto a su apestosa contracara. "El ex presidente del Banco Central de Honduras, Ricardo Maduro, dijo no sorprenderse por las denuncias de que el gobierno tendría un fuerte control sobre la prensa de Honduras. Dijo que no es un fenómeno nuevo pues a la prensa "todo el mundo trata de controlarla". Por suerte -comentó- "hay cierto grado de independencia" sin desconocer que también "existe control". (T, 29 de marzo de 1999).

Más cincelador lo fue el ex presidente Carlos Roberto Reina cuando, en un Foro contra la violencia, auspiciado por el BID en San Salvador, dijo que la prensa (refiriéndose, detrás del escudo de la generalización, a la hondureña) "parece vivir en un apotegma de que se le paga o se le pega", al tiempo que insinuaba que si este singular manejo no se llevaba a cabo, las personas tendrían que someterse a la intimidación en forma de ataques "de día o de noche". Más tarde, y para ilustrar el que esa hubiese sido "una de las frases más exactas sobre el tema", el escritor Rodolfo Pastor Fasquelle dijo que "lo fundamental no es la inconformidad que la prensa corrupta o irresponsable le produce al poder cuando éste quiere ser recto o transparente. Después de todo, si el poderoso se dispone a aprovechar la corrupción, esa incomodidad torna en recurso y mecanismo de control (y, entonces, ¿quién peca más?)" (T.,18,Dic.98).De todas formas, el que se diga, desde tanta altura pavorosa, que hay periodistas corruptos y chantajistas no debe causar asombro, pues siempre ha habido los que pecan por la paga y los que pagan por pecar, clientela y aquéllas que dijimos, dicho esto sin desmedro de la honradez que pueden probar las féminas de la llamada vida alegre (pues, claro, en este caso, menos alegre que la de algunos comunicadores); y que, con excepción del decenio de los ochenta, en el que los periodistas también estaban en las listas de la fosca dictadura militarista y apenas podían, con más sorna que susto, informar al mundo cómo el presidente de la república se había pelado la panza, ante la divertida audiencia de toda la galaxia, ya había corrupción en el gremio.

Pero no es hasta el gobierno de la globalización (Callejas - Maduro) que dicha corrupción toma la forma cínica de moneda de curso legal, valga la redundancia por lo de moneda. Titulares, noticias y editoriales dan cuenta de un ir y venir de casos que involucran a periodistas y, entre los azos que subrayaron ese triste periodo, daba risa leer que "Callejas niega que le haya prestado cien mil lempiras al periodista Maldonado"; "Lo confiesa Goldstein: prestó cien mil lempiras a un periodista que ayudó en la campaña"; "Hay periodistas que "merusean" (sic) 40,000 lempiras mensuales", etcétera...

A la distancia, sin embargo, no es el trapo sucio de la corrupción en ese gobierno el que pasma y fascina con más deleite al investigador de hoy, sino el que haya habido defensas, justificaciones y proteccionismo por parte de el Tribunal de Honor del CPH; que los periodistas mencionados en todas las denuncias, con nombre y fotografía impresa en los medios, aún estén vociferando desde espacios periodísticos en contra de instituciones y ciudadanos que no pueden defenderse con las mismas armas que ellos escupen todos los días en sus cabinas radiofónicas (todo hondureño tendría que andar, entonces, su propio micrófono inalámbrico, para repostar a nivel nacional, las ofensas e injurias que se acaban de verter en su contra y daría fe, así, de la democratización perfecta del proceso de comunicación).

En una comparecencia de un miembro del Tribunal de Honor del CPH (T.,29 de marzo,93) éste dijo que "lo ético, si necesita de su trabajo para vivir, es que –el periodista pagado- se aleje o pida ser alejado de la cobertura política" al tiempo que informaba que la mayoría de los trece periodistas de la lista de los contratados por el Tribunal Nacional de Elecciones (el cliente) no había querido devolver el dinero de la paga.

Para septiembre del 92,el periódico Tiempo, al editorializar en relación con las declaraciones del vocero presidencial, periodista Olman Serrano, en torno a una escandalosa venalidad (Periodistas de 40,000 lempiras y el problema de la seguridad social) aseguraba: "Nos preguntamos, entonces, el porqué de esa actitud, cuando las palabras del secretario de Prensa significan, en la práctica y en el plano de la moralidad, una descalificación de los periodistas hondureños, aun cuando el acusador llega al increíble extremo de considerar el soborno y la venta de influencia como algo lícito, y como parte consubstancial del ejercicio profesional del periodismo". Otras publicaciones de diferentes fechas dan cuenta del afilamiento en el sesgo del cinismo, cuando de sobornos y corrupción de periodistas se trataba: ("El propio Colegio de Periodistas le pide "ayudas" para comunicadores, dice Callejas"); ("No ha pagado periodistas, les ha hecho "favores", dice Callejas"); ("Se filtra lista de periodistas pagados por el Tribunal Nacional de Elecciones"); ("Periodistas desacatan mandato del Tribunal de Honor de devolver el "regalo" del TNE"); ("Es trágico cuando un periodista vende su alma al diablo"); ("Dueños de medios de comunicación los culpables de que haya periodistas "meruseros"); ("En todas las oficinas públicas les dan cheques a los periodistas"); ("Los periodistas en el banquillo de los acusados"); ("Miembros del Tribunal Electoral quedan mudos al descubrirse sus ilícitos pagos a periodistas").Etcétera...

El cinismo de pronto se volvió protagónico y dejó al escándalo en segundo plano: "El Tribunal de Honor solicita que se suspenda el alegato público en que ciertos medios y periodistas han incurrido, dice el numeral seis de la resolución, en una especie de censura a Diario TIEMPO por haber hecho pública la denuncia"; "Periodistas a sueldo serán llamados al Tribunal de Honor"; mientras Tiempo editorializaba: "El Tribunal de Honor del Colegio de Periodistas ,al proceder como lo ha hecho ha desperdiciado una valiosa oportunidad para impulsar el necesario autocontrol de nuestro sistema de comunicación social .Al mismo tiempo deja abierta la trampa para que ,en el futuro, sean otras fuerzas –y no la del estamento periodístico- quienes impongan las reglas y las sanciones a quienes atenten contra la sociedad mediante la desinformación, la manipulación de los medios y la difamación"(T.,18,enero,93).Y en el mismo periódico, en la página editorial, Pastor Fasquelle apuntaba: "Para un comunicador ,recibir dinero de una parte interesada o de un funcionario que busca sesgar la información no es la única forma de corrupción.(Igual de corrupto es aceptar cualquier presión, sacar las palabras de su contexto o confeccionar un titular con fines sensacionalistas)".

Sólo faltaba, para finalizar el sainete, que la prensa internacional se hiciera eco del escándalo: "Pagar con dinero informaciones de prensa favorables es una práctica común en muchas partes de América Latina. Pero en Honduras, el escándalo desatado por el reciente descubrimiento de sobornos electorales ha generado mayor atención a lo que algunos hombres de negocios, diplomáticos y editores afirman es una forma de floreciente corrupción".(El Nuevo Herald, Miami, Fla., 18/2/93).

Cualquiera diría, pues, que con la magnitud de ese escándalo, "el primero en la historia del país", corruptores y corruptos se irían a invernar por un buen tiempo a sus cavernas y, consecuentemente, estaríamos libres de la confrontación en lo nacional y del ridículo en lo internacional...Que habría tiempo y energía para echarle ojos a la construcción de nuestras opciones democráticas; tanto las que la Sociedad Civil define como resultado de una organización dinámica, como las que (¡oh, iluso!) pudiesen resultar de los cambios operados en las cúpulas del poder, en el lejano, pero no imposible caso, de que al margen de los intereses y la complejidad que se enmaraña en los partidos políticos, a alguien le diera por echar a andar ideas frescas y de fácil acceso progresista...Cualquiera lo diría. Pero, no. En el transcurso de la investigación realizada para este artículo, cayó en nuestras manos una simple hoja de papel con un sorprendente contenido: se trataba, ni más ni menos que de la lista ¡otra! de los periodistas incluidos en la tarifa de un ente que se supone es técnico e inmune a los guindandejos de la publicidad y de la propaganda y que para sus necesidades de divulgación habría de bastarle una oficina de relaciones públicas. Ese ente es el Tribunal Nacional de Elecciones; y esta vez, a diferencia de los trece del escándalo de l992,los tarifados son más de cien.

La hoja tiene la desventaja del anonimato; sin embargo, el ordenamiento de su contenido nos hace creer que estamos otra vez ante un caso vergonzoso de masiva corrupción. Allí están los nombres de los periodistas, algunos muy conocidos por la supuesta cordura con la que guiaban sus pasos; allí están los medios de difusión, los programas en los que se transmite la publicidad y su horario. Finalmente están allí el tiempo y el dinero estipulados en el "contrato". Tan sólo en los meses de mayo y junio recién pasados el Tribunal pagó la cantidad de tres millones, doscientos cuarenta y tres mil novecientos sesenta lempiras en emolumentos que van desde dos mil lempiras ,hasta los veinte mil, por contrato y dependiendo, nos imaginamos, del pedigree del difusor.

Hay allí noventa y una radioemisoras, tres canales de televisión ,dos periódicos y una revista. De los periódicos, uno es empresarial y el otro es algo denominado "Periódico del maestro"; aunque en la hoja no se especifica si estos "maestros" son constructores, albañiles o pedagogos. Por ser ésta una hoja común con un contenido delicado, sólo cabría dejarla en la antesala de las denuncias. Empero, si hay alguna fiscalía, comisión o lo que sea en contra de la corrupción; si existe la voluntad de gastar el mínimo de tiempo en una investigación somera, apenas bastaría con que se "monitoreasen" los horarios que allí aparecen y con ello se comprobaría qué clase de publicidad es la que necesita el Tribunal para gastar tanta pólvora en esas aves y, como resultado, la obligación de saber quién o quiénes pagan y de dónde sale tanto dinero.

Recuérdese que este es un año electoral y que, al decir del señor Mitchell Seligson, especialista que disertó el día 28 del pasado mes de julio a instancias del Consejo Nacional Anticorrupción: "La corrupción afecta la percepción ciudadana con respecto a la eficacia del poder ejecutivo, la credibilidad de los diputados y la imparcialidad del Poder Judicial". ¿Quién, desde el poder, desea que otro escándalo de grandes magnitudes tenga consecuencias negativas para los pasos de baile que le estamos enseñando a la democracia –dos hacia delante y uno hacia atrás?.

La nueva supuesta lista de corruptos, con el mismo cliente, puede ser la punta del témpano de una corrupción generalizada que, como honorífica continuación de gobiernos anteriores, se alimenta, continúa creciendo, perfeccionándose, hasta graduarse con honores. Como secreto con megáfono todos sabemos que en el presente gobierno la compra de comunicadores ha sido realizada con metódica precisión, de tal manera que el rol de la paga tiene hasta su propio escalafón, que depende de la mediana villanía de los más bajos hasta la aristocracia de los más experimentados y, por supuesto, la importancia del medio de difusión. Al terminar su gestión, el presidente Flores, seguramente pasará a la " historia" como el gobernante que nunca recibió críticas (puesto que las críticas analíticas y serias que tuvo fueron extirpadas de la cronología, junto con sus autores que, de paso, perdieron de manera abrupta su fuente de trabajo).

De cómo tener su propia cohorte. De la división de una profesión bravía y de las expectativas que tiene el tren de la Comunicación.

Desde el principio de la administración Flores - Alfaro se supo que en Casa Presidencial había una persona muy sensible a todo lo que fuese intercambio de opiniones e ideas con la denominada Sociedad Civil que, de paso, ya organizada comenzó a hacer planteamientos que contenían lineamientos ilativos a un progresivo de corto y largo alcance.

En respuesta a ese novedoso modelo de método y estructura fue creado el FONAC, una junta de notables que deberían vigilar los pasos de la democracia, pero con sillones colocados dentro del ambiente aséptico del gobierno. La prensa comenzó también a dar una opinión crítica mesurada que devino en separación de puntos de vista. Por un lado, la línea editorial del periódico que es propiedad del gobernante y por otro, el desarrollo de un criticismo cada vez más agudo y que eventualmente llegó a tener como punto de avanzada a la sección editorial de diario El Heraldo. La televisión también observó un marcado divisionismo en cuanto a la manera de ver cómo se llevaban a cabo las cosas del Estado. Los editoriales de los noticieros, y el mismo tratamiento honesto de las noticias puso al canal 9 a la vanguardia de un periodismo televisivo de avance.

Continuaron haciendo mella en la híper sensibilidad palaciega y prosiguieron las respuestas puntillosas por parte del gobierno, a veces por boca de alguien apodado el "super ministro" y a veces desde las columnas "ligth" de chismorreo en el periódico del gobernante. Cuando se supo que él mismo tenía tiempo, entre los avatares de la gestión, la pesada carga de la reconstrucción después de que el Mith dejó más podrido al país, para escribir unas simpáticas invectivas mal redactadas, las columnas de chismes aparecieron con firma de periodistas prestanombres. Se sabía, por supuesto, cuál cápsula había sido redactada por el alto dignatario y cuál por su adlátere, puesto que las de aquél mantenían una quintaesenciada imaginación mientras que las de ésta se acercaban casi siempre a la orilla de la tasa del atole con el dedo.

En los planos de la seriedad, sin embargo, la prensa dejaba caer la gota de agua de manera persistente e implacable: "Si su meta suprema es convivir cómodamente con los poderosos y disfrutar la buena vida del conformismo, entonces los medios de comunicación nunca extenderán al pueblo la oportunidad de ver la realidad desde otra perspectiva". (EH.José Vicente Owens, del equipo de reflexión, investigación y comunicación de los Jesuitas de Honduras; 8,Jun., 98); "Si bien en las últimas dos décadas el papel de los medios de comunicación social fue fundamental en cuanto al salto académico, profesional, de defensa de los derechos humanos y el retorno a los regímenes civiles en democracia, actualmente se percibe un retroceso en la formación del régimen de opinión pública./Se palpa en el país un gran avance tecnológico en los medios de comunicación social que va desde sustituir las máquinas de escribir por computadoras, una diagramación más ágil y moderna en los diario, - hasta una proliferación de medios electrónicos -, - especialmente la televisión- que compite con alta tecnología, pero no con calidad./Existe esa mala concepción en la prensa en creer que el modernismo de sus aparatos es sólo algo tecnológico y digital, sin pensar en el producto humano, en su formación profesional, su calidad total y el sentido de la responsabilidad, la decencia y la ética. Ambas cosas son necesarias y deben ir a la par".(EH., Thelma Mejía;15,Jul.98).

Fíjense que ya para estas fechas se estaba puntualizando en las razones por las cuales un sector de la prensa se estaba acomodando o milagrosamente (en una profesión alegre y bulliciosa) se estaba quedando muda: Un rincón mullido en la camita de los amantes conformistas; la falta de profesionalismo en las horneadas jóvenes –en las que los nuevos periodistas salían de la academia a veces sin saber cómo acentuar su propio nombre -; la ausencia de calidad en el trabajo conceptual y de redacción; la sustitución de la oportunidad por el oportunismo y una lamentable carencia de ética y decencia. La pura ulceración hacia la gangrena, por donde se viera.

En los seminarios de calidad profesional ("Estilo periodístico y la cultura de paz y democracia": Juan Ramón Durán, Patricia Murillo y Lucila Fúnez) se hizo énfasis en la desigualdad a la hora de manejar el material informativo; en que los periodistas obedecían a una agenda que no era la propia; que la información ofrecida lleva una incidencia clara de políticos corruptos o de personas que persiguen un fin de acuerdo a sus intereses; ausencia de crónicas, de reportajes de investigación y del testimonio periodístico como género y la falta de creatividad y de mixturas para ofrecer un mejor resultado. Se criticó una redacción rutinaria y mecánica y se hizo disección de la moral y ética periodística en la televisión y la radio; los "shows" baladíes tirando a rosado y la falta de debate y de ambición investigativa, en la primera. Lo que se dijo acerca del periodismo radial no fue reseñado tal vez para que los asistentes no tuviesen accidentes de contaminación.

De la lupa de los investigadores no pasaron inadvertidos ( "desapercibidos", dirían los redactores de la ajena agenda) los propietarios de los medios de comunicación: "Hasta ahora todo parece indicar que el dejar hacer, dejar pasar –"laissez-faire" con olor a tamal patriótico (interrupción de este autor)-,y no lo hacen para estar a tono con el neoliberalismo. De lo que no se han enterado es que el medio paga un alto costo por este alineamiento oficial: el de la PÉRDIDA DE CREDIBILIDAD. No hay peor daño para un periodista que perder la confianza del público". (EH., Julieta Castellanos; 26,5,98).

Esta misma autora reseñó otros temas abordados en paneles como El Desayuno del canal 63,conducido por el periodista independiente Renato Álvarez: "Temas que se denominaron como los de "periodistas tarifados", "gobiernos rehenes de los periodistas" y "autocensura". Lo primero debe entenderse como periodistas que reciben remuneración mensual del gobierno de turno y como compensación vienen los halagos y el silencio. La "democratización" de esta forma de relación se le atribuye al ex presidente Callejas quien, al perecer, según se dijo, organizó grupos de apoyo en torno a su gobierno mediante estos mecanismos. Lo de "gobierno rehén" se alude a la situación que vivió el ex presidente Reina en sus primeros dos años, luego Guillermo Buck, ante el acecho, no le quedó más remedio que reactivar la planilla. De la autocensura, lo peor, es que no es como la de los años ochenta, producto del terrorismo de Estado, aunque el Estado sigue siendo responsable, esta vez, por poner en práctica la corruptela. Estas apreciaciones han llevado a plantear que un sector del periodismo es el heredero de la impunidad que antes correspondía a los militares..."

Periodistas de conocimiento y práctica, con mucho prestigio, como Manuel Gamero, tampoco pudieron y quisieron quedarse al margen de la preocupación: ("Democracia y cultura cívica en Honduras"): "La función de los MCS es esencialmente culturizadora, de la misma manera que lo son la escuela, la iglesia, el sistema judicial. De tal suerte que su funcionamiento solamente es posible en el contexto del sistema general de cada sociedad, dentro del cual interactúan y al que contribuyen a consolidar (...) Los dueños de comunicación social y los periodistas, desconociendo su verdadera función en la sociedad hondureña y la necesidad de una democracia efectiva, actuante y creadora, están cayendo en la trampa que hábilmente les ha tendido un sistema político-social decadente, pero con vasta experiencia en esta clase de manipulaciones".(T.,26,junio,98).Casi al mismo tiempo, el periódico La Tribuna editorializaba: "En los últimos días se han venido realizando reuniones con los dueños y directores de los medios de comunicación a fin de adecuar la actividad informativa a las exigencias de la situación que vive actualmente el pueblo hondureño. Se trata de una excitativa y de un esfuerzo conjunto por hacer que los intereses individuales y de grupo se aproximen lo más posible a los ideales colectivos, ya que los ideales se ocupan de la ética y de intereses la economía y la política cuando se divorcian de su orientación primigenia./La actitud informativa, que debería responder a parámetros más elevados, se rige también, lamentablemente, por las leyes de la oferta y la demanda".(LT.,13,Dic.98).

Quisimos hacer el subrayado en las últimas líneas, no porque el postulado no corresponda a una realidad intrínseca, especialmente a la sombra de las costumbres liberales y los dictados del neoliberalismo; sino porque la intención está centrada en que "se informa para formar en uno y otro sentido y se forma informando sobre esto o lo otro", con lo que "la gran responsabilidad social" de la labor informativa, quedaría fácilmente al servicio de un punto de vista práctico, aunque maniqueísta: "porque de su orientación depende la imagen que la nación tenga de sí misma y la imagen que de la nación exista en el amplio espejo de la comunidad internacional". Una línea editorial que se llevó convenientemente al propio corral: "La prensa hondureña, especialmente la de los últimos veinticinco años, no tiene temor a dar la felicitación oportuna cuando considera que las cosas se están haciendo bien. Durante el primer año de esta administración gubernamental, la prensa en términos generales ha sido muy generosa con el presidente Flores y la mayoría de sus ministros. Ello es natural. Así ocurre siempre. La prensa no tiene por qué caer, ni en la insustancialidad que supone la irresponsabilidad en los juicios; ni mucho menos, cumplir el papel del periodismo político que nunca ve, nada bueno en los ojos, de los demás".(LT.,19,enero,99).

Habría que preguntarse únicamente: ¿Se tiene que ser "generoso" con la prensa para que ésta sea "generosa" con el gobierno, tal como lo ha sido durante los "últimos veinticinco años" que incluyen a la represión sorda del alvarismo? Y, de ser esto cierto: ¿Por qué ello debe ser "natural" y ocurrir "siempre así"?

Por otra parte, si esa generosidad funciona como equilibrio y estabilización entre las ejecutorias gubernamentales, ¿para qué mantener asalariado a tanto comunicador, incluso al frente de altas definiciones educativas? ¿Por qué habría de tener la necesidad el Colegio de Periodistas de enjuiciar "a quienes critican corrupción en la prensa"?.

Justo en la misma fecha en que los dirigentes del gremio lanzan la amenaza el Foro Ciudadano le había pedido públicamente al CPH, después de formular serias denuncias acerca de la corrupción en ese estamento lo siguiente: "En sus respuestas en la prensa escrita, radial y televisada, podrán reconocer, sin lugar a dudas, a los periodistas que han envilecido la profesión y que han puesto su pluma y su palabra al servicio del mejor postor y han trastrocado los valores inherentes a un periodismo honesto profesional e independiente, para dedicarse al ejercicio cotidiano de la difamación, la calumnia y el insulto, como formas degradantes de ganarse la vida". Tan sólo hay que recordar que el Foro Ciudadano había solicitado que el Ministerio Público investigara la situación legal y ética de todos los periodistas que están recibiendo pagos de las diferentes instancias gubernamentales. (Y ) las partidas presupuestarias, confidenciales o no, de donde están saliendo los pagos de publicidad y propaganda del gobierno, con sus respectivos montos, nombres y periodistas y medios, nombres y cargos de los funcionarios que los autorizan y especificación de puestos.

 

Del distanciamiento que se quiso hacer y de cómo la situación es la misma en este final de la gestión gubernamental.

Quisimos distanciar en un lapso temporal poco más o menos prudencial la investigación de los sucesos que aquí se ponen literalmente con la situación actual. Incluso, de manera premeditada no quisimos referirnos a la corrupción que se da en la relación de los futbolistas y sus federaciones con la prensa deportiva –como parte de un todo en el que tan sólo el hecho de que los unos pateen y los otros se lucren de las patadas de los demás "con el sudor de la lengua" es ya, de por sí, una manera fácil de medrar alrededor de los gustos de la población -, también denunciada varias veces en la prensa independiente. Aunque no nos referimos a la corrupción en sí por falta de voluntad, sino por la repulsión que emana de algunos de estos periodistas, denominados también "narradores" –profesionales en el acarreo de la obviedad por toda la cancha, para decir o gritar lo que todo el mundo está viendo -; o los "comentaristas", cuyos "análisis" bien hubiesen servido, en la época de Álvarez - Rosuco, para sacarle mediante tortura la "verdad" a tanto revoltoso inconforme por las injusticias de entonces. Tampoco nos referimos a los autores de las columnas "pink", que incursionaron en el campo periodístico porque una vez fueron invitados "a escribir una columna de chismes para un diario de San Pedro Sula".

Pero el distanciamiento no funcionó.

Las situaciones de corrupción que involucran a un sector de la prensa no sólo no han terminado, sino que se han enriquecido (tómese esta última palabra sin su connotación irónico - cínica y se verá que es verdad).

Durante nuestra investigación tuvimos oportunidad de ver fotocopias de los cheques que, tan sólo en un mes, hicieron millonario a un periodista de la televisión, como pago por "asistencia financiera" a un banco que quebró (Y así, ¡cómo no iba a quebrar!).

Con bastante impunidad por parte de las instancias de honor de su gremio, e inmunidad por los padrinazgos que deben tener, periodistas de la radio y la televisión se erigen diariamente como jurado y jueces ejecutores de las acciones privadas y públicas; de las personas, bienes y haciendas, como si estuvieran suplantando o hubiera (¿las hay?) cavernas en el Poder Judicial, dentro de un formato facilón y banal. El sensacionalismo campea en sustitución del oficio y la academia, de alguna manera analfabeta ilustrada, desea para sí todo el régimen de la opinión pública, en detrimento del periodismo profesional. La ética y la independencia profesional dependen más ahora que ayer de los dictados del poder: la trivialidad y el insulto se ponen todos los días (y las noches),con pedestre elegancia, la toga de la cursilería.

Todo esto ya fue denunciado oportunamente por los periodistas decentes y este cronista no está inventando nada que no esté escrito en los medios de difusión. Pero cuando estos periodistas lo hicieron programáticamente, con el fin de adecentar su gremio, recibieron como pago el despido fulminante. Allí están los ejemplos de Manuel Torres Calderón, de Thelma Mejía, Roxana Guevara, Regina Osorio...Allí están las amenazas veladas o directas contra Renato Álvarez...En fin.

Si un fuerte grupo de comunicadores de radio y televisión; si algunos columnistas y escritores de las secciones editoriales de algún periódico son asalariados, ¿para qué necesita el Código Penal el artículo 345 que taxativamente ofrece: "Se sanciona con prisión de dos a cuatro años a quien amenace, calumnie, injurie, insulte o de cualquier otro modo ofenda en su dignidad a una autoridad pública con ocasión del ejercicio de sus funciones, ya sea de hecho, de palabra o por escrito. Si el ofendido fuere el Presidente de la República o alguno de los altos funcionarios a que se refiere el artículo 325,anterior, la reclusión será de tres a seis años".

Para nada.

Como dijo Balzac: "Es preferible a la mediocridad intelectual, envenenada, la verdadera tontería que, por lo menos, es divertida".

EB. Agosto, 2001.

Bibliografía de apoyo:

- Gergurevich, J., Géneros periodísticos,Quito,Edit.Belén,l982.

- Knapp, Mark L., El rol del comportamiento no verbal en la interacción humana. Méx., Mc Graw-Hill,1986.

- Fernández Collado, C. Y Gordon L. Dahnke., La comunicación humana, Méx., Mc Graw-Hill,1986.

- Holtage, H.F., Publicidad. Méx., Mc Graw-Hill,l988.

- Menéndez, A., Comunicación social y desarrollo.UNAM,Méx.,1972.

- Beltrán y Cruces, R: E., Publicidad en medios impresos.Trillas.,Méx.l984.

Archivo periodístico y hemeroteca: CEDOH, Tegucigalpa